viernes, 12 de diciembre de 2008

Parte 11 -y seguimos-

Una muchacha encendía un cigarrillo, era joven, una veinteañera solitaria por las calles de Barcelona, la lluvia empezaba a domar su rizada y voluminosa cabellera color miel. Aquellas sogas doradas que dibujaban los mas perfectos rizos, le daban un aire misterioso, prácticamente enfermizo, atraía con la fuerza de mil huracanes, y a la vez separaba todo aquello que la rodeaba, de ella misma.
Ella cogió un cigarillo, sus uñas rojas se unían al color del fuego de manera sobrenatural. Pensó en ellos, en todos y cada uno. En sus hermanos de otra madre.
Como les gustaba llamarse unos cuantos años atrás, cuando sus pantalones estaban aún más abajo que sus esperanzas, cuando el mayor problema era escoger el bar donde pasar la tarde jugando al poker.
Y sonrió, y toda su historia resbaló desde una nube, rozando sus labios, hasta el suelo. Pero ella no era ella, ni su historia, ella era el paso que dejaban en el tiempo sus ideales. Como V.
Recordó también las pelis, las pizzas, el Nestea y las timbas. Y la poesía, y escribir tonterías de cuatro en cuatro, y llenar libretas de días.
Recordó que le dolían los pies. Y entró al 'Caffé'.
Un Capuccino con nata y Cola-Cao, por Pol, aunque a ella le gustaban con mucha espuma y canela. Y siguió recordando sonrisas, carcajadas, borracheras, tardes, inviernos, veranos y noches. Y esta vez no vió venir la tremenda sonrisa que se dibujaba en su cara, como tampoco vió entrar al chico que entraba por la puerta.
Sin paraguas, sin capucha, una gorra, poco abrigado para protagonizar esa tarde-noche de final de Diciembre.
Y mientras a ella le traían su café y se encendía otro cigarro.
Levantó la mirada y sin saber porqué, sintió que aquel bar era más suyo que cualquier otra cosa, y se fijo en el recién llegado de la barra, y con su recién estrenada felicidad se decidió a intentar entablar una agradable conversación que con suerte acabaría en un lío de sábanas.

- Hace frío eh.
- No el suficiente.
- ¿Qué bebes?
- Café.
- ¿Si te pregunto tu nombre contestarás, o mejor me ahorro las molestias?
- Inténtalo.
- ¿Cómo te llamas?
- ¿Y tu?
- ¿Porque contestas con preguntas?
- ¿ Y porqué no?
- Porque es mala educación.
- Y porque me da la gana.
- Adiós.

Él no contesta y ella espera.

- ¿Tan pocas ganas tienes de hablar conmigo?
- No has dicho hola.
- ¿Qué haces aquí?
- Busco.
- ¿Qué buscas?
- Mejor sería a quién.
- Pues... ¿A quién buscas?
- A mi mismo, creo.
- Tu ya estás aquí. Tu buscas a aquello que te hace ser tu mismo, porque ahora no lo eres.
- ¿Y tu que sabes?
- Tus ojos.
- Por supuesto... otra más...
- Todos llevamos una historia a cuestas, que se lee en nuestros ojos, y por cierto... La tuya me suena ¿Nos conocemos?

Él le envió una mirada entre sarcástica y desafiante, pero que se quedó a medio camino. Su sorpresa fue mayúscula. Él distinguió un brillo familiar debajo de la bufanda, y con la boca abierta contestó:

- Sólo si hace dieciséis años que no te quitas esa cadena.
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No se puede llamar continuación, pero algo tiene que ver con mis dos mundos. Un tributo al amor y a la amistad, que me parece que no pasará del 2008.

Felices fiestas.

5 comentarios:

Roberto Esmoris Lara dijo...

Antonella, me hiciste entrar a ese Caffe (los observaba desde una mesa del fondo), llovía gris en la vereda y ese pelo color miel era comoun sol que se amparaba de la lluvia.
Yo, soñando Barcelona y tú añorando Buenos Aires. Dúo genial para una dulce tristeza.

Abrazos, cálidos abrazos!
Gracias
REL

Juan Rodríguez Millán dijo...

Pues que vivan las dos cosas, el amor y la amistad. Felices fiestas también para ti y que 2009 sea un año genial. Pasen o no pasen las cosas la barrera de 2008.

charlotte dijo...

Antonella, no me canso de decirtelo, tus historias tiene una poesía increíble, las adoro!
Un abrazo grande linda, y muchos besos

malena dijo...

Oye! Síguelo que está bueno!
:))
besos y feliz año!

malena dijo...

Hola, linda! Pasé a saludarte y dejarte un besote!