viernes, 28 de noviembre de 2008

todoOnada


Hoy las nubes no la ponen bajo su suave presión, hoy a lo mejor se le escapa una sonrisa si le mira y una carcajada sonrosada si le besa.

Hoy tiene ganas de ojos verdes y de sábado noche y de tacones con alas cuando aparece.

Hoy tiene ganas de todo y miedo de nada.
.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Pause [ || ]

Mi historia de dos mundos se ha juntado demasaido, he juntado y revuelto mi vida en la ficción de algo que nació con ilusión pero hoy muere bajo las hojas y hojas de notitas que apunto en clase para que no se me olviden.
Mi
ella, mi él, no son más que hechos de mi vida cotidiana a los que les doy el toque de sofisticación que no tienen, las historias de amor se cuentan de a millones, pero todas tienen un final azul marino, y la mía no va a ser menos.
It could be love. Pero tampoco estoy segura, sus miradas siguien matándome a base de sonrisas, pero contar algo que me martiriza, con un matiz de alegía no cambia las cosas. Es cierto que he dicho mas de una vez que no puedo escribir sobre algo que no he vivido, pero tampoco puedo vivir lo que escribo. Por lo tanto, le doy al -pause- de esta historia, que ha sido mía y de algunos más, porque vivir no es señal de conocer, porque escribo para sentir lo que no siento y para decir lo que no digo.
Gracias a todo aquellos que de alguna manera u otra me habéis apoyado. =)



Antonellapuntocom
/ Itcouldbelove.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Parte 10. Punto y seguido.

Las seis miradas matadoras les dejaron a los tres con un revoloteo misterioso en sus adentros más profundos. Sara bajó rápido la mirada hacia su Capuccino, intentado evitar que sus mariposas se le escapasen en un patético aunque sincero 'te quiero'. Esa sensación se sucedió por los pasillos de la facultad una y otra vez, cada vez que aparecía él. Recordaba la frase de una canción, "él la mira sin mirar y ella le mira sin dejarse ver", podría haberla aplicado a cada instante de su antigua vida, pero esta mañana, al despertarse, había dado un gigantesco paso con sus diminutos pies, hacia otro mundo, un mundo que la atraía completamente hacia los atisbos de la felicidad, hacía una felicidad en concreto, la suya, que no había percibido en demasiado tiempo, y la primera demostración de la cual fue el despertar de sus mariposas frente a la mirada de él, dos mundos tan separados por una línea tan fina, y que ella había conseguido superar. Aunque no fue hasta una semana después, que sus mariposas volvieron a emerger.
Clase de economia. Examen. No sabemos nada. Se miran. Sonríe. Y Sara se va hacía adentro de ella misma, desde donde emergen un montón de mariposas, desde sus entrañas, pasando por el corazón, y directamente a su cabeza, con los versos más bonitos escritos en las alas, versos que no puede ignorar. Coge un papel de cualquier sitio y un boli. Y empieza el torrente de letras más bonito que la humanidad haya visto.
Se guada el papel en el bolsillo, no vaya a ser que se le olvide, y por un descuido toda su felicidad se vaya a la mierda.

Sale de la clase y deja el examen en blanco sobre la mesa, aunque al lado, había dibujado la sonrisa más sincera del día.
Cierra la puerta desde fuera y siente que estiran desde dentro, se gira sorprendida y se cae hacía adentro.
Él. Salen juntos de la clase, y se dirigen automáticamente hacia la cafetería sin mediar palabra.
Se sienta ella y él se va a la barra.
Vuelve, el capuccino y el descafeinado.

- ¿Qué tal? -dijo él mirando su café y sin levantar ni un milímetro la cabeza.
- Pues no muy bien.
- ¿Qué pasa?
- Pues que no he estudiado.
- No hablo del examen diota.






Y otra vez esa sensación. De que cuando le mira y sonrié el mundo se le cae encima, y la venguenza, y las ganas de salir corriendo se le juntan con todo lo que le quiere y las ganas de besarle. Y las mariposas vuelven. Con más versos. Coge una sevilleta y empieza a escribir. Atónito el mira la escena.
Se aferra a la servilleta como se de ello dependiese su vida y de nuevo, se guarda los mejores versos en el bolsillo.

- ¿Porqué lo haces? No te creas que no me he fijado.
- Luego se me olvida.
- Se te olvida todo.
- Todo menos una.
- ¿Cómo?
- Olvidalo, sé de que hablo.
- Y si lo sabes...
- Lo que tenga que decir ya te lo diré, el resto lo sé yo.
- Pues si tienes algo que decirme, ya sabes...
- Te digo que yo lo sé, dejalo anda. ¿No me explico verdad?
- Sólo dices que lo deje pero que lo sabes.
- Pues entonces ya sabes lo que pienso. ¿Qué piensas tú?
- No se lo que pienso porque no se lo que piensas tú.

Y entonces se arrepintió de no haberle cantado las cuarenta notas que tenía en el bolsillo, o de haberselas tirado a la cara, o de haberle besado, o de haber hecho cualquier cosas menos eso. Demasiado tarde.
Sus ojos contaban historias, novelas enteras con lujo de detalles en menos de un pestaño.
Y le había mirado, con una intrigante media sonrisa, de esas que a él tanto le gustaban.
Y otra vez, sin mediar palabra.
Se fue.

lunes, 17 de noviembre de 2008

"Parte 9. Tributo a dos grandes."


El (re)descubrimiento del balcón, el primer cigarro que no quería ser el último, la mirada de Suyay, la tetería y el parque, el diario, Pol, él. Habían sucedido demasiadas cosas en muy poco tiempo, pero a la vez, había dejado pasar mucho tiempo sin que pasara nada. Se había dado de morros contra una puerta que había cerrado ella misma por puro orgullo y ahora el recuerdo de las miradas que le cosquilleaban las entrañas se hacía insoportable.
Esa mañana abrió los ojos, repasó mentalmente su vida en forma de diapositivas, imaginándose patéticamente en el final de una película absurda. Y tal como lo inesperado, las segundas partes también existen.
El brillo de sus ojos reaparecía por momentos, salió a la calle como hacía tiempo no lo hacía, el aire fresco entraba a sus pulmones revolviéndolo todo, su pecho era un terremoto constante e imparable, las sensaciones se sucedían una tras otra en un torbellino de emociones olvidadas.
Y otra vez esa sensación.

Al bajar del autobús buscó alguna mirada conocida, como quien no quiere la cosa, como si su distanciamiento del mundo se hubiese esfumado con su coraza, unos cuantos ojos correspondieron a su llamada de socorro disfrazada de sonrisa, en seguida se acercó Eugenia -Geni, desde siempre-.

- Cuanto tiempo.
- Ya lo sé, perdóname, cosas que pasan.
- ¿Me lo cuentas? ¿O tengo que pasarme el rato que tardes en tomarte el Capuccino, intentando averiguarlo por tus ojos, otra vez?
- Vamos anda.

Su relación nunca había sido ejemplar, pero algo las unía. Él, para variar. Geni fue directamente a la cafetería, ella fue a buscar unos libros, y quedaron en encontrarse allí.
Al entrar, el corazón se le escapaba disimuladamente del pecho, no era una visión extraña, pero si más no, hoy era especial. En la mesa, con Geni, estaba él. Teóricamente había aprendido a convivir con el problema, siempre y cuando no se encontrara con sus ojos, pero hoy, por ser un día especial, y por el hecho de que ya no tenía coraza protectora alguna, decidió que haría una excepción. Mientras ella se hacía esta reflexión, después de haberse sentado en silencio y sin siquiera haberles saludado, Geni y él hablaban.

- Víctor me ha dicho que conoce a alguien, pero que no está seguro. -dijo él como dejando escapar un comentario que tendría que tener respuesta inmediata, pero no fue así.
Geni tuvo que mirarla sin disimulo alguno, solo intentado que reaccionara ante la frase de él, pero estaba en las nubes.

- ¡Sara! -el leve grito de Geni la bajó de las nubes.
- ¿Qué pasa? ¿Qué quieres?.
- ¿Estás sorda? Que están buscando fotógrafa.
- ¡Ah! Vale, sí sí, perdona, no os había oído.
- Hoy estas muy rara, más que de costumbre, y mira que es difícil superarlo.

En ese momento se intercambiaron seis miradas rapidísimas. Geni les miró a los dos, sin entender del todo la situación. Él miró a Geni primero, como intentando encontrar una explicación a los desvaríos de Sara, luego, al no obtener respuesta, la miró a ella.
Y otra vez esa sensación.
En una fracción de segundo el tiempo se paró para observar las dos sonrisas que habían dibujado los ojos de uno en los labios de otro.
Y otra vez esa sensación.
Se había prometido a sí misma que la única manera de sobrellevar el problema era no mirarle, no pensar, intentar imaginar que no existía, y hasta el momento, lo había conseguido. Pero si en el mismo día en el que ella decide darse un respiro y dejar que su mirada se desvíe, haciendo una excepción momentánea, hacia él, si en ese mismísimo instante, por primera vez en años, sus ojos coinciden, otra vez, formando ese par de estúpidas sonrisas, ella ya no tendría nada que hacer, nada que decir, no tenía su coraza, se había quitado la aguja del olvido la noche anterior, y se había despertado con ganas de comerse el mundo, o comérselo a él que es lo mismo.
Todo era demasiado diferente al día anterior, y entonces recordó la tetería, Suyay, las bolitas verdes y el té del Himalaya, y recordó.

"Ningún amor se olvida, solo cambia de lugar en la memoria"
"Nunca dejes de sonreír, pues nunca sabes quién se puede enamorar de tu sonrisa"
"Hoy es el primer día, del resto de tu vida".

_____________________________________

Pequeño homenaje a dos grandes personas. =)
Me parece que tal y como se puede ir observando, su autoestima, y sus ganas de fabricar sonrisas a base de miradas crecen a la par que las mías.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Parte 8.

Sus ojos estaban a punto de cerrarse cuando se levantó de la cama con un salto, y en vez de dirigirse hacia la ventana de la estrella, la de cada noche, abrió las puertas que llevaba años sin abrir, un balcón diminuto sobresalía de la casa como escapando de todo lo que había dentro, y en aquel balcón fumo un cigarro, pero esta vez...

no sería el último, y sonrió.

Pudo distinguir a lo lejos el parque en el que había estado los días anteriores, pero fue inevitable el recuerdo de Suyay, mujer tan misteriosa, vulgar i a la vez con un toque de clase inexplicable que la dotaba de una excéntrica misteriosidad. Una figura escurridiza, que se escapa dejandose ver.
El resplandor de la tetería se había apagado dejando paso al brillo de las estrellas momentos antes de que ella saliese al balcón, tres calles más abajo unos tacones negros, y unos ojos verdes, misteriosamente familiares, caminaban recordando a la chica-azabache, le había adjudicado este nombre después de verla en el parque, observando la fuente, su pelo caía prácticamente metiendose en el agua estancada, pero solo la rozaba.
Su pelo, su todo, el marco de esos ojos que contaban historias de amor desengañado en cada pesatañeo. Tenía ganas de verla, pero no se preocupó, intuía que ella volvería, intuía que al igual que ella, la chica-azabache hablaba por los ojos, y que tenían muchas historias que contarse.


martes, 11 de noviembre de 2008

Hace tiempo que no dedico una entrada a algo que no sea mi historia. Pero hoy lo vale, lo vale por Sara, por Pol, por él, por muchísimas personas que llenan mi vida cada día y a las que les debo todo lo que soy, a las que les debo esta historia y mucho más.
Personas que me han llenado con poco, pero que valen millones. Personas que me han llenado de frases que quitan el aliento, de miradas que hacen consquillas desde lejos y desde no tan lejos, de abrazos cargados de esperanzas, y de besos cargados de ojos color miel brilante.
A toda cosa, persona, o lo que quiera que sea. Mil gracias.
Por hacerme un pelín más grande en este mundo tan chiquito. =)

Sois lo mejor.

_____________________________

En cuanto a ella, se esta volviendo bastante más yo que ella misma, y sé que no puedo evitarlo, que esta historia está cargada de subjetivismo y que tampoco quiero hacer nada para remediarlo, es ficción basada en sensaciones auténticas.
A ver que dan de sí sus ojos esta tarde.