viernes, 12 de diciembre de 2008

Parte 11 -y seguimos-

Una muchacha encendía un cigarrillo, era joven, una veinteañera solitaria por las calles de Barcelona, la lluvia empezaba a domar su rizada y voluminosa cabellera color miel. Aquellas sogas doradas que dibujaban los mas perfectos rizos, le daban un aire misterioso, prácticamente enfermizo, atraía con la fuerza de mil huracanes, y a la vez separaba todo aquello que la rodeaba, de ella misma.
Ella cogió un cigarillo, sus uñas rojas se unían al color del fuego de manera sobrenatural. Pensó en ellos, en todos y cada uno. En sus hermanos de otra madre.
Como les gustaba llamarse unos cuantos años atrás, cuando sus pantalones estaban aún más abajo que sus esperanzas, cuando el mayor problema era escoger el bar donde pasar la tarde jugando al poker.
Y sonrió, y toda su historia resbaló desde una nube, rozando sus labios, hasta el suelo. Pero ella no era ella, ni su historia, ella era el paso que dejaban en el tiempo sus ideales. Como V.
Recordó también las pelis, las pizzas, el Nestea y las timbas. Y la poesía, y escribir tonterías de cuatro en cuatro, y llenar libretas de días.
Recordó que le dolían los pies. Y entró al 'Caffé'.
Un Capuccino con nata y Cola-Cao, por Pol, aunque a ella le gustaban con mucha espuma y canela. Y siguió recordando sonrisas, carcajadas, borracheras, tardes, inviernos, veranos y noches. Y esta vez no vió venir la tremenda sonrisa que se dibujaba en su cara, como tampoco vió entrar al chico que entraba por la puerta.
Sin paraguas, sin capucha, una gorra, poco abrigado para protagonizar esa tarde-noche de final de Diciembre.
Y mientras a ella le traían su café y se encendía otro cigarro.
Levantó la mirada y sin saber porqué, sintió que aquel bar era más suyo que cualquier otra cosa, y se fijo en el recién llegado de la barra, y con su recién estrenada felicidad se decidió a intentar entablar una agradable conversación que con suerte acabaría en un lío de sábanas.

- Hace frío eh.
- No el suficiente.
- ¿Qué bebes?
- Café.
- ¿Si te pregunto tu nombre contestarás, o mejor me ahorro las molestias?
- Inténtalo.
- ¿Cómo te llamas?
- ¿Y tu?
- ¿Porque contestas con preguntas?
- ¿ Y porqué no?
- Porque es mala educación.
- Y porque me da la gana.
- Adiós.

Él no contesta y ella espera.

- ¿Tan pocas ganas tienes de hablar conmigo?
- No has dicho hola.
- ¿Qué haces aquí?
- Busco.
- ¿Qué buscas?
- Mejor sería a quién.
- Pues... ¿A quién buscas?
- A mi mismo, creo.
- Tu ya estás aquí. Tu buscas a aquello que te hace ser tu mismo, porque ahora no lo eres.
- ¿Y tu que sabes?
- Tus ojos.
- Por supuesto... otra más...
- Todos llevamos una historia a cuestas, que se lee en nuestros ojos, y por cierto... La tuya me suena ¿Nos conocemos?

Él le envió una mirada entre sarcástica y desafiante, pero que se quedó a medio camino. Su sorpresa fue mayúscula. Él distinguió un brillo familiar debajo de la bufanda, y con la boca abierta contestó:

- Sólo si hace dieciséis años que no te quitas esa cadena.
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No se puede llamar continuación, pero algo tiene que ver con mis dos mundos. Un tributo al amor y a la amistad, que me parece que no pasará del 2008.

Felices fiestas.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Déjate llevar.

Libre, libre como el aire.
Deja que tus manos recorran una y otra vez mi alegría mas insana, y deja que tus labios amanezcan con los mios, y que el destino nos despierte aún unidos por el todo o nada de la noche anterior.
Y que sea todo.
Y te pido por última vez que vuelvas a dejarte llevar, que tu pelo y tus ojos giren en torno a noches azules cargadas de ilusiones rotas que dejamos que el mar se llevara. Déjate llevar y arrástrame contigo hacia lo mas profundo, hacia lo mas oscuro, para hacerlo brillar con mi luz si me enciendes.
Déjate y déjame.
Dejémonos de pareceres y apariencias y comámonos con los ojos.
Como ayer.

Comámonos, en nuestra última cena, antes de que despierte de este sueño, con el que nunca he soñado pero que siempre me he imaginado. Llévame contigo allí donde vayas.
Arrástrame hacia donde quiera que vayas y te prometo el beso que nunca te dí, si encuentras un camino para enseñarme a andar, solo si es de tu mano, pasito a paso.
Poquito a poco.
Todo todito todo como antes.
Antes de que mis lágrimas escribieran las más dulces palabras en el horizonte de tu recuerdo, antes de que mis manos se fueran de mí para buscar tu pelo en las escaleras blancas que dan hacia la nada.
Antes de todo.
Prométemelo todo antes de que se mescape decirte...

...que te quiero.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Verdaderamente creo que estoy desquiciada por las cosas húmedas con un toque de sal.
Verdaderamente creo que añoro tus miradas y sus sonrisas y los besos y demás cosas sin importancia para nadie más que para mí.
Pero la única verdad es mi soledad.
La única verdad absoluta es que me arropa el calor de los brazos de un desconocido y el frío de las lágrimas que quedan en mis sábanas. Aunque también sigue siendo mentira que te estoy olvidando, como así también que lo estoy intentando.
Y sigo diciendo verdades como mundos, y me miento cada vez que puedo, y cierro los ojos, y bebo agua con gas con sabor a GinTonic.
Y la amargura me llena, y suena el teléfono. Y el bar está lleno y yo estoy sola.
Y sigo siendo demasiado inocente para decir la verdad.
Y me sigue llenando el agua con gas. Y a ti te amo, y él le quiero.
Verdaderamente intento vivir con la situación, o más bien sobrevivir sin tus miradas, supongo que será eso que dicen de acostumbrarse, y que la distancia hace el olvido. Aunque que yo sepa dos cuerpos nunca se han unido por muy cerca que estuvieses. Ves, como el suyo y el mio. Tengo que decírtelo, tu tienes a tu rubia clavo, y yo tengo una sonrisa preciosa incrustada en mi memoria y que a veces aparece y reaparece para recordarme lo mucho que me gusta, pero no llega a ser mi sonrisa clavo.
Tu tienes a tu rubia clavo.
Yo tengo mi sonrisa incrustada.
Tu tienes a tu rubia clavo.
Yo tengo agua con gas.
Tu tienes a tu rubia clavo.
Yo tengo sabanas de lágrimas y desengaños.
Tu tienes a tu rubia clavo.
Yo quiero todo lo que tengo, pero no tengo todo lo que quiero.
Tu no sé si tienes, como hay que tener, a tu rubia clavo.
Y yo tengo mil sonrisas por regalar, mil sonrisas que podrían ser tuyas y que no has querido.
Tengo una caja llena, repleta, rebosante, de sonrisas rechazadas que esperan ser bien recibidas.
Tengo mil cajas, y la sonrisa más bonita del mundo esperándome en la puerta de cualquier sábado o domingo, así por sorpresa.
Tu tienes a tu rubia clavo.
Y yo vuelvo a sonreír.

Todos contentos.

martes, 2 de diciembre de 2008

Again.

Otra vez un frío extraño se apodera de sus pies, y no es el frío de Diciembre, no, este es aún mas helado, es ese que se mete en los huesos y los derrite desde dentro, es ese que nos hace doblar las rodillas frente a nuestro camino. Es la más desgarradora soledad. Otra vez.

Camina rodeada de gente, de caras, de cuentos escritos con miradas, algunas cuentan novelas, y otras aprenderán a escribir dentro de un rato, pero todas dicen algo.

Busca permanentemente un par de ojos que sepan leer su historia y la compartan, pero sería demasiado fácil encontrar la felicidad caminando, y decide sentarse.

Ella y su soledad. Sus pies y el mar. Y sus manos juntas, separadas de todo lo demás.
Y un dedo dibujando una sonrisa que se llevan las olas.


viernes, 28 de noviembre de 2008

todoOnada


Hoy las nubes no la ponen bajo su suave presión, hoy a lo mejor se le escapa una sonrisa si le mira y una carcajada sonrosada si le besa.

Hoy tiene ganas de ojos verdes y de sábado noche y de tacones con alas cuando aparece.

Hoy tiene ganas de todo y miedo de nada.
.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Pause [ || ]

Mi historia de dos mundos se ha juntado demasaido, he juntado y revuelto mi vida en la ficción de algo que nació con ilusión pero hoy muere bajo las hojas y hojas de notitas que apunto en clase para que no se me olviden.
Mi
ella, mi él, no son más que hechos de mi vida cotidiana a los que les doy el toque de sofisticación que no tienen, las historias de amor se cuentan de a millones, pero todas tienen un final azul marino, y la mía no va a ser menos.
It could be love. Pero tampoco estoy segura, sus miradas siguien matándome a base de sonrisas, pero contar algo que me martiriza, con un matiz de alegía no cambia las cosas. Es cierto que he dicho mas de una vez que no puedo escribir sobre algo que no he vivido, pero tampoco puedo vivir lo que escribo. Por lo tanto, le doy al -pause- de esta historia, que ha sido mía y de algunos más, porque vivir no es señal de conocer, porque escribo para sentir lo que no siento y para decir lo que no digo.
Gracias a todo aquellos que de alguna manera u otra me habéis apoyado. =)



Antonellapuntocom
/ Itcouldbelove.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Parte 10. Punto y seguido.

Las seis miradas matadoras les dejaron a los tres con un revoloteo misterioso en sus adentros más profundos. Sara bajó rápido la mirada hacia su Capuccino, intentado evitar que sus mariposas se le escapasen en un patético aunque sincero 'te quiero'. Esa sensación se sucedió por los pasillos de la facultad una y otra vez, cada vez que aparecía él. Recordaba la frase de una canción, "él la mira sin mirar y ella le mira sin dejarse ver", podría haberla aplicado a cada instante de su antigua vida, pero esta mañana, al despertarse, había dado un gigantesco paso con sus diminutos pies, hacia otro mundo, un mundo que la atraía completamente hacia los atisbos de la felicidad, hacía una felicidad en concreto, la suya, que no había percibido en demasiado tiempo, y la primera demostración de la cual fue el despertar de sus mariposas frente a la mirada de él, dos mundos tan separados por una línea tan fina, y que ella había conseguido superar. Aunque no fue hasta una semana después, que sus mariposas volvieron a emerger.
Clase de economia. Examen. No sabemos nada. Se miran. Sonríe. Y Sara se va hacía adentro de ella misma, desde donde emergen un montón de mariposas, desde sus entrañas, pasando por el corazón, y directamente a su cabeza, con los versos más bonitos escritos en las alas, versos que no puede ignorar. Coge un papel de cualquier sitio y un boli. Y empieza el torrente de letras más bonito que la humanidad haya visto.
Se guada el papel en el bolsillo, no vaya a ser que se le olvide, y por un descuido toda su felicidad se vaya a la mierda.

Sale de la clase y deja el examen en blanco sobre la mesa, aunque al lado, había dibujado la sonrisa más sincera del día.
Cierra la puerta desde fuera y siente que estiran desde dentro, se gira sorprendida y se cae hacía adentro.
Él. Salen juntos de la clase, y se dirigen automáticamente hacia la cafetería sin mediar palabra.
Se sienta ella y él se va a la barra.
Vuelve, el capuccino y el descafeinado.

- ¿Qué tal? -dijo él mirando su café y sin levantar ni un milímetro la cabeza.
- Pues no muy bien.
- ¿Qué pasa?
- Pues que no he estudiado.
- No hablo del examen diota.






Y otra vez esa sensación. De que cuando le mira y sonrié el mundo se le cae encima, y la venguenza, y las ganas de salir corriendo se le juntan con todo lo que le quiere y las ganas de besarle. Y las mariposas vuelven. Con más versos. Coge una sevilleta y empieza a escribir. Atónito el mira la escena.
Se aferra a la servilleta como se de ello dependiese su vida y de nuevo, se guarda los mejores versos en el bolsillo.

- ¿Porqué lo haces? No te creas que no me he fijado.
- Luego se me olvida.
- Se te olvida todo.
- Todo menos una.
- ¿Cómo?
- Olvidalo, sé de que hablo.
- Y si lo sabes...
- Lo que tenga que decir ya te lo diré, el resto lo sé yo.
- Pues si tienes algo que decirme, ya sabes...
- Te digo que yo lo sé, dejalo anda. ¿No me explico verdad?
- Sólo dices que lo deje pero que lo sabes.
- Pues entonces ya sabes lo que pienso. ¿Qué piensas tú?
- No se lo que pienso porque no se lo que piensas tú.

Y entonces se arrepintió de no haberle cantado las cuarenta notas que tenía en el bolsillo, o de haberselas tirado a la cara, o de haberle besado, o de haber hecho cualquier cosas menos eso. Demasiado tarde.
Sus ojos contaban historias, novelas enteras con lujo de detalles en menos de un pestaño.
Y le había mirado, con una intrigante media sonrisa, de esas que a él tanto le gustaban.
Y otra vez, sin mediar palabra.
Se fue.

lunes, 17 de noviembre de 2008

"Parte 9. Tributo a dos grandes."


El (re)descubrimiento del balcón, el primer cigarro que no quería ser el último, la mirada de Suyay, la tetería y el parque, el diario, Pol, él. Habían sucedido demasiadas cosas en muy poco tiempo, pero a la vez, había dejado pasar mucho tiempo sin que pasara nada. Se había dado de morros contra una puerta que había cerrado ella misma por puro orgullo y ahora el recuerdo de las miradas que le cosquilleaban las entrañas se hacía insoportable.
Esa mañana abrió los ojos, repasó mentalmente su vida en forma de diapositivas, imaginándose patéticamente en el final de una película absurda. Y tal como lo inesperado, las segundas partes también existen.
El brillo de sus ojos reaparecía por momentos, salió a la calle como hacía tiempo no lo hacía, el aire fresco entraba a sus pulmones revolviéndolo todo, su pecho era un terremoto constante e imparable, las sensaciones se sucedían una tras otra en un torbellino de emociones olvidadas.
Y otra vez esa sensación.

Al bajar del autobús buscó alguna mirada conocida, como quien no quiere la cosa, como si su distanciamiento del mundo se hubiese esfumado con su coraza, unos cuantos ojos correspondieron a su llamada de socorro disfrazada de sonrisa, en seguida se acercó Eugenia -Geni, desde siempre-.

- Cuanto tiempo.
- Ya lo sé, perdóname, cosas que pasan.
- ¿Me lo cuentas? ¿O tengo que pasarme el rato que tardes en tomarte el Capuccino, intentando averiguarlo por tus ojos, otra vez?
- Vamos anda.

Su relación nunca había sido ejemplar, pero algo las unía. Él, para variar. Geni fue directamente a la cafetería, ella fue a buscar unos libros, y quedaron en encontrarse allí.
Al entrar, el corazón se le escapaba disimuladamente del pecho, no era una visión extraña, pero si más no, hoy era especial. En la mesa, con Geni, estaba él. Teóricamente había aprendido a convivir con el problema, siempre y cuando no se encontrara con sus ojos, pero hoy, por ser un día especial, y por el hecho de que ya no tenía coraza protectora alguna, decidió que haría una excepción. Mientras ella se hacía esta reflexión, después de haberse sentado en silencio y sin siquiera haberles saludado, Geni y él hablaban.

- Víctor me ha dicho que conoce a alguien, pero que no está seguro. -dijo él como dejando escapar un comentario que tendría que tener respuesta inmediata, pero no fue así.
Geni tuvo que mirarla sin disimulo alguno, solo intentado que reaccionara ante la frase de él, pero estaba en las nubes.

- ¡Sara! -el leve grito de Geni la bajó de las nubes.
- ¿Qué pasa? ¿Qué quieres?.
- ¿Estás sorda? Que están buscando fotógrafa.
- ¡Ah! Vale, sí sí, perdona, no os había oído.
- Hoy estas muy rara, más que de costumbre, y mira que es difícil superarlo.

En ese momento se intercambiaron seis miradas rapidísimas. Geni les miró a los dos, sin entender del todo la situación. Él miró a Geni primero, como intentando encontrar una explicación a los desvaríos de Sara, luego, al no obtener respuesta, la miró a ella.
Y otra vez esa sensación.
En una fracción de segundo el tiempo se paró para observar las dos sonrisas que habían dibujado los ojos de uno en los labios de otro.
Y otra vez esa sensación.
Se había prometido a sí misma que la única manera de sobrellevar el problema era no mirarle, no pensar, intentar imaginar que no existía, y hasta el momento, lo había conseguido. Pero si en el mismo día en el que ella decide darse un respiro y dejar que su mirada se desvíe, haciendo una excepción momentánea, hacia él, si en ese mismísimo instante, por primera vez en años, sus ojos coinciden, otra vez, formando ese par de estúpidas sonrisas, ella ya no tendría nada que hacer, nada que decir, no tenía su coraza, se había quitado la aguja del olvido la noche anterior, y se había despertado con ganas de comerse el mundo, o comérselo a él que es lo mismo.
Todo era demasiado diferente al día anterior, y entonces recordó la tetería, Suyay, las bolitas verdes y el té del Himalaya, y recordó.

"Ningún amor se olvida, solo cambia de lugar en la memoria"
"Nunca dejes de sonreír, pues nunca sabes quién se puede enamorar de tu sonrisa"
"Hoy es el primer día, del resto de tu vida".

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Pequeño homenaje a dos grandes personas. =)
Me parece que tal y como se puede ir observando, su autoestima, y sus ganas de fabricar sonrisas a base de miradas crecen a la par que las mías.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Parte 8.

Sus ojos estaban a punto de cerrarse cuando se levantó de la cama con un salto, y en vez de dirigirse hacia la ventana de la estrella, la de cada noche, abrió las puertas que llevaba años sin abrir, un balcón diminuto sobresalía de la casa como escapando de todo lo que había dentro, y en aquel balcón fumo un cigarro, pero esta vez...

no sería el último, y sonrió.

Pudo distinguir a lo lejos el parque en el que había estado los días anteriores, pero fue inevitable el recuerdo de Suyay, mujer tan misteriosa, vulgar i a la vez con un toque de clase inexplicable que la dotaba de una excéntrica misteriosidad. Una figura escurridiza, que se escapa dejandose ver.
El resplandor de la tetería se había apagado dejando paso al brillo de las estrellas momentos antes de que ella saliese al balcón, tres calles más abajo unos tacones negros, y unos ojos verdes, misteriosamente familiares, caminaban recordando a la chica-azabache, le había adjudicado este nombre después de verla en el parque, observando la fuente, su pelo caía prácticamente metiendose en el agua estancada, pero solo la rozaba.
Su pelo, su todo, el marco de esos ojos que contaban historias de amor desengañado en cada pesatañeo. Tenía ganas de verla, pero no se preocupó, intuía que ella volvería, intuía que al igual que ella, la chica-azabache hablaba por los ojos, y que tenían muchas historias que contarse.


martes, 11 de noviembre de 2008

Hace tiempo que no dedico una entrada a algo que no sea mi historia. Pero hoy lo vale, lo vale por Sara, por Pol, por él, por muchísimas personas que llenan mi vida cada día y a las que les debo todo lo que soy, a las que les debo esta historia y mucho más.
Personas que me han llenado con poco, pero que valen millones. Personas que me han llenado de frases que quitan el aliento, de miradas que hacen consquillas desde lejos y desde no tan lejos, de abrazos cargados de esperanzas, y de besos cargados de ojos color miel brilante.
A toda cosa, persona, o lo que quiera que sea. Mil gracias.
Por hacerme un pelín más grande en este mundo tan chiquito. =)

Sois lo mejor.

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En cuanto a ella, se esta volviendo bastante más yo que ella misma, y sé que no puedo evitarlo, que esta historia está cargada de subjetivismo y que tampoco quiero hacer nada para remediarlo, es ficción basada en sensaciones auténticas.
A ver que dan de sí sus ojos esta tarde.

viernes, 31 de octubre de 2008

Parte 7.

- Hola. Mi sombre es Suyay. Llevas aquí mucho tiempo por lo que veo.
Unos ojos verdes inmensos la miraban con curiosidad familiar.

- Hola sí, perdona ya me iba.

- No me has dicho tu nombre.

- Tengo prisa.

- No lo parece.

- Adiós.

La camarera observo sonriendo como ella se levantaba del suelo y se iba.
pero lejos de tener ganas de volver a casa, se dirigió otra vez hacia el parque de la fuente, el día gris parecía corresponderse con su estado de ánimo, pero otra vez, en la plaza todo era un mundo aparte, el sol se escapaba de la tristeza de las nubes, e iluminaba el único sitio del mundo donde parecía residir la felicidad, un trozo de suelo iluminado solemnemente, llamándola.

Ella se sentó en el banco. La luz iluminaba sus pies, los mismo que llevaban dos días sin pasar por casa, los mismos que llevaban años buscando la luz, y los mismo que comenzaban a fallar en su función, se quitó los zapatos, sus pies tocaron el frio suelo, mojado por el roció y por unas pocas gotas de lluvia, un escalofrió recorrió todo su cuerpo, hasta sus ojos, ojos que veían el elemento de su camino reluciente al sol.

Aquella visión despertó en el subconsciente de ella un alud de recuerdos, y a la vez una tormenta de ideas, pensamientos, notas mentales que se abandonan y que solo renacen con las más simples pero profundas sensaciones.

Aquello fue como una nota a pie de página. Recuerda que aún vives, y que HOY, puede ser el día, pero solo si tu quieres.

Decidió subir hacia su casa, y descalza, caminó aquellas calles como si cada paso fuese un suspiro de vida, notó y percibió todas las historias que habían pasado por allí, directamente sobre su piel.

Llegó a casa y fue directamente hacia la ducha.
Desprenderse de aquella ropa fue como arrancar una página de un cuento, para empezar a escribir una gran historia.
El agua resbalaba por su pelo borrando las lágrimas, incrustadas, de la noche anterior. Sus pies se desprendían del agua de las calles, pero preservando toda la esencia de su camino.

Subió a su habitación y cayó rendida en la cama, con el diario aún entre sus manos, desde el día anterior.

Por un par de instantes, o tal vez puede que tres, se planteó dejar los descubrimientos de su alma para otro día. Comenzaba a sentir la aguja del olvido penetrar fríamente en su pecho, dispuesta a revolverlo todo.

Pero decidió seguir, aquellas cosas de la vida que avanzan peligrosamente hacia nosotros apostando contra nuestra felicidad, son los obstáculos que nos hacen crecer cada día, y los que merecen ser superados.

Una vez superado el miedo al recuerdo volvió a abrir el diario, leyendo y releyendo líneas olvidadas en el tiempo, olvidadas bajo el manto de polvo que supone la indiferencia palabra por palabra iba recordando estos últimos dos días, llenos de todo un poquito, de lágrimas, de sonrisas, de lluvia, de sol, de ella misma, de su propia e indiscutible historia, una historia de amor, de amistad, del olvido y del recuerdo, pero sobretodo de la vida, y de las personas que pasan por ella, personas que en su caso, habían sido pocas, de lo más variadas, pero que seguían pendientes de encontrar en sus ojos el brillo que deja en los ojos de cualquiera, el hecho de poder superar el miedo, mirar la tristeza a la cara, escupir en la melancolía, subirse a lo más hondo de su pecho y gritar que no está sola, y que no lo estará nunca.

Sus ojos estaban a punto de cerrarse cuando se levantó de la cama con un salto, y en vez de dirigirse hacia la ventana de la estrella, la de cada noche, abrió las puertas que llevaba años sin abrir, un balcón diminuto sobresalía de la casa como escapando de todo lo que había dentro, y en aquel balcón fumo un cigarro, pero esta vez...

no sería el último, y sonrió.

viernes, 24 de octubre de 2008

Parte 6.

En el papel se leía:

"Hoy es el primer día del resto de tu vida"

Abandonó aquel lugar cuando ya estaban cerrando, lo abandonó al mismo tiempo que sentía que arrancaban su alma a tiras. En aquel sitio se había sentido ella. Salió a la calle buscando sensaciones que le transmitiesen esa misma paz, caminó hasta el final de la callejuela de la tetería, y encontró un parque, al final de una calle sin salida, un banco, alguna pintada, y una fuente, apagada. Parecía sacada del jardín de una princesa, y llevada al más triste y escalofriante abandono.
El agua tenía toda la pinta de llevar siglos encerrado en la semiesfera de cemento. Pero algo se movía dentro de ella, algo que le daba vida. Una vida marcada por la soledad, y por un pasado olvidado. Como ella.

Por enésima vez en los diez minutos que llevaba fuera de la tetería cogió la bolita de su bolsillo, y volvió a leer aquella frase, pero el día acababa, y nada había cambiado.
De repente la melancolía se apoderó de ella y decidió dejarse llevar por el instinto. Se estiró en el suelo, y se puso a contar. Sorprendida por la cantidad de estrellas que se vislumbraban en aquel trocito de su paraíso, como si estuviese apartado del resto del mundo, ella imaginó.
Imaginó. Sonrió. Y recordó.

Y luego congeló sonrisas para transformarlas en notas, que describían su melodía más macabra sobre las estrellas que acababan de hacerla sonreír.
Y echó a llorar, como una niña, triste y desconsolada. Echó a llorar todo ese día y todos los días que había tirado olvidandole.

Lo mejor y lo pero que me ha pasado.

Fueron las palabras que faltaban en el párrafo del sueño de la noche anterior.
Las mejores sonrisas y los besos más dulces, las mariposas más grandes, las llamadas más largas y silenciosas, y lo mejor de todo, las mejores miradas,complicadamente simples, estrictamente libres, y lamentablemente eternas.
Los peores desengaños y las peores auto-mentiras, millones de lágrimas de mierda perdidas en su almohada.
Las mejores canciones escuchando la peor historia de amor jamás contada.

Y ahora, le veía, cada día. Pero había dado con el botón del Reset de su corazón, y no quería dejar de apretarlo, por si acaso vuelve, como siempre.
Vuelve, siempre vuelve, él la mira sin mirar, y ella le mira sin dejarse ver.
Las mejores miradas de miel, se habían convertido en la peor ceguera.
No querían verse, ella por él, él por lo otro.
Ceguera provocada por el olvido en soledad y la multitud de desengaños por un lado, y ceguera debida a unos ojos que no saben ver más allá de esos ojos.
Ella no lo sabía, pero él miraba, miraba buscando, como cuando se mira a alguien que supuestamente conocemos, pero no estamos seguros, él buscaba en los ojos de ella algún brillo momentáneo que despertara su olvido. Que le dijera que seguía viva.
Antes sus ojos hablaban, pero ahora. ¿Quién vería nada con tanta agua salada de por medio?

Ella.
En plaza.
Con su fuente y sus estrellas.
Llorando desconsoladamente. Se seca los ojos, se pone en pies, y deshace sus pasos, hacia casa. Encuentra la tetería otra vez, con su resplandor verde lima, y sus letras negras.
La puerta estaba cerrada a cal y canto, pero no impidió que se sentará delante, en el suelo, como intentando recibir un poquito de resplandor en lo más profundo de su pecho. Pero no lo conseguía. Mirando al suelo su sonrisa se iba transformando poco a poco en una mueca de dolor inexplicable.
Y allí, como la luz de luna del último segundo del día, como la última sonrisa de toda una vida. Se alzaba la gratificante soledad de una bolita verde.
Ella la abrió desesperada, esperando encontrar la salvación en forma de ridícula esperanza.
Una vez más desenrolló el papelito.

Nunca dejes de sonreír, pues nunca sabrás quién se puede enamorar de tu sonrisa.

Lanzó aquel papel lo más lejos que su escuálido estado de animo le permitió, entendiéndolo como aquello que acabaría de joderle el día.
Decidió seguir caminando. Una vez más deseó su último cigarro, y comprobó que aquél día, no sería EL día.

Despertó con unos ojos extrañamente familiares a dos escasos centímetros de su cara. Se había quedado dormida en frente de la tetería, y la camarera misteriosamente entrometida la miraba con una curiosidad macabra.

- Hola. Mi sombre es Suyay. Llevas aquí mucho tiempo por lo que veo.

Unos ojos verdes inmensos la miraban con curiosidad familiar.

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Escasa inspiración, esto a sido un flash divino después de una charlita con Pol (sii, existee). Y esos ojos miel que trastornan a ella también existen, no se si para bien o para mal, pero ahí están.

Quien se moleste en buscar el significado de Suyay tendrá un punto a favor en las próximas entradas. =)




viernes, 17 de octubre de 2008

Parte 5.

Relee los últimos días de su diario. Relee los primeros, y le encuentra. Le encuentra a él.
Una foto, un par de besos rojo pasión y estas palabras:

Personas que significan mucho para mí, y para las que yo valgo muy poco.
Sueños que acaban. Montañas que crecen a cada paso que doy.
Puertas cerradas bajo llave. Miradas que se pierden en sonrisas que se buscan.
Y mis lágrimas cayendo inevitablemente en la profundidad de esos ojos que tanto me han dado.

Que tanto me han robado.


Y de repente fue como si su penumbrosa alma escalase las paredes ruinosas de sus recuerdos, para darle esa bocanada de oxigeno que tanto tiempo llevaba necesitando. El respiro capaz de hacerla volver en sí misma. Girar 180 grados y descubrir que había sido espectadora de su propia vida. Y lo peor, que había presenciado, inmóvil, como una muñeca de la más fina porcelana, cómo sus ganas de vivir se habían ido de paseo con el dueño de esos ojos.



Despierta.
Con ganas de llorar, con muchas ganas de mandar todo a la mierda, pero con más ganas aún de tener un hombro sobre el que llorar. Moriría por poder volver a tener a Pol.
Pero lo sabía imposible.

Ella buscó el diario aparecido en sus sueños, sabía que existía, al igual que las fotos, y las palabras. Lo cogió, observando por un instante la oscura tapa. Negra, como su pelo. Estaba cerrado con un lazo a modo de guardián, un lazo verde.
Decidió que aquella casa no era el lugar apropiado para revolver sus recuerdos, y salió a la calle. En una callejuela encontró un local. Parecía una cafetería. Pero abandonada en el tiempo. La modernidad había invadido inevitablemente su encanto, pero aún así emanaba clasicismo. Entró, escogió una mesa. Sorprendentemente negra, y en el rincón, una especie de esferas, diminutas, sobre una bandejita metálica. Cogió una de las bolas, y mientras la observaba con extrema curiosidad se acercó una camarera.

-Es su fortuna. -dijo fríamente la camarera- ábrala.

Ella lanzó una mirada entre sorprendida y disgustada. Hacía semanas que no se dirigía la palabra con nadie, y aquella repentina intromisión fue de lo menos deseable. Aun así toda la historia de las bolitas y la camarera con dotes de pitonisa despertaron aún más su curiosidad por aquel sitio.
Por cierto, he olvidado decir que las bolitas de la fortuna, eran de un verde sospechosamente parecido a la cinta que rodeaba el diario.
Al cabo de un rato la camarera volvió, y sin siquiera dirigirle la palabra, depositó con un cuidado demasiado misterioso, una carta, como la de un bar cualquiera.
Dejó el diario, y las bolitas a un lado.
Al abrir la carta, ella descubrió que aquel sitio tan soberbiamente encantador era una tetería. Por un instante se dibujó una sonrisa en su cara, mientras que sus ojos paseaban por la infinidad de sabores que se le presentaban. Hasta que reparó dolorosamente en uno en concreto.
Té del Himalaya.
Fue un golpe doloroso dadas las circunstancias, pero su curiosidad superaba en ese momento a lo atroz de los recuerdos de Pol.
Cuando la camarera vino con el té, ella estaba sumida en su diario.
Las primeras páginas le parecían banales, sin demasiada importancia, y con aún menos motivos para que formaran parte de lo que en algún momento consideró importante.
Poco a poco se iba acercando a aquellos días fatídicos en los que perdió todo, completamente todo por lo que vivía, le había perdido a él, y también había perdido a Pol.
Ahora mismo necesitaba con total urgencia, las palabras que alguna vez la habían podido rescatar del agujero del amor.
Sabía que sus errores habían alejado a Pol de ella, sabía que por la propia codicia de años anteriores, había dejado marchitar las flores mas cuidadas de su jardín.
Pol era, inesperadamente impredecible, y tenía el don de encontrar siempre las palabras exactas para darle un poquito más de fuerza cada día. Cada lágrima en vano, era sustituida por una carcajada de esas que te dejan sin aliento, o por una sonrisa capaz de partir el cielo en dos. Y todo gracias a él.
Le echaba de menos, le echaba muchísimo de menos.
Pensó en una llamada, pero el hecho de escuchar su voz tan lejos... no, no podría soportarlo. Un mensaje es demasiado fácil y muy poco sensible. Y lo que no podría hacer, segurísimo que no, era mirarle a los ojos. En eso momento recordaba sus charlas bajo el olmo del jardín. Fumando.
Y la última fue especialmente inolvidable.
Ella se llevaba las manos a la cabeza incrédula, mientras Pol hablaba:
- Lo has conseguido, esta es la sonrisa que llevo esperando desde hace años, desde que empezó todo esto. Y por ese motivo es hora de decirte una cosa, muy, muy... demasiado importante. Verás, me voy. Me voy a realizar mi sueño. Me voy a por los catorce.
Ella no lo podía creer. Pol llevaba más de diez años preparándose para los catorce. Los catorce ocho mil. Catorce picos en todo el mundo, que alcanzan los ocho mil metros.
Ella dejó escapar un par de lágrimas furtivas. Una de la más profunda tristeza, y la otra de la más viva alegría. Le perdía -por un tiempo- pero él realizaría su sueño. Un sueño que compartían, como casi todo. Todo entre ellos había pasado a formar parte de una unión más allá de lo inimaginable. Sus vidas. Sus alegrías. Sus tristezas. Todo. Absolutamente todo entre ellos era sublimemente familiar.
Y ahora se iba.

Pocos meses después recibió un par de llamadas suyas, y una de ellas fue la última. Ella había abandonado su sueño, mientras Pol estaba fuera. Todas las lágrimas derramadas por él. Habían sido irremediablemente, derramadas en vano. Y en un ataque de rabia arremetió contra Pol. Insinuado que la responsabilidad de que ella hubiese abandonado, era suya, que él debería haber estado allí para apoyarla. Esas palabras fueron las últimas que ella le dirigió a Pol. Después hubo un silencio.
Y él empezó a hablar:

-No sé qué te ha pasado, ni quiero saberlo. Sólo quiero que recuerdes, que siempre, estaré mirando. También debes saber, que no guardo ningún tipo de recelo, pero creo que necesitas descansar. Deberías alejarte un poco del mundo, pensar, y olvidar todo cuanto puedas. Te quiero, y lo sabes.

Aquellas palabras habían abierto en ella una brecha que jamás se cerraría.

Escapó de la profundidad de sus propios recuerdos escritos, y bebió el final de su taza de té.
En ese momento, recordó la bolita verde de la fortuna, que debía de llevar media hora mirándola. Ella miró el reloj. No llevaba media hora, llevaba tres, tres horas sumida en su pasado. Cogió esa bola de papel machê, aferrándose a ella como si de ello dependiese su vida, la abrió muy lentamente, y descubrió en su interior un papel, diminuto, enrollado en forma de pergamino vertical. Una vez desenrollada la sorpresa fue increíble mente alentadora. No podía creer lo que veían sus ojos. En el papel se leía.

"Hoy es el primer día del resto de tu vida."

viernes, 10 de octubre de 2008

Parte 4.

Sin nada en el estómago,
camina, camina para no sentirse muerta
porque caminando piensa
piensa y tiene miedo
lucha contra el miedo y vive.

Otro dias más, despierta, ansiosa de que hoy, sea el dia en el que empieza su vida. Una vez leyó en un cuadro: "Hoy es el primer día del resto de tu vida" y desde entonces, lo espera. Espera eterna, eterna condena que la encadena inevitablemente a un destino prefijado, un destino que desconoce por no vivido, pero que a la vez conoce por lo predecible de la situación.
Pero no todo está escrito, y una vez Alguien le regaló una pluma, aunque no sabe muy bien donde la ha puesto, seguramente en un cajón mas de la casa, probablemente en el mismo cajón en el que metió la esperanza, la paz, y las ganas de amar.

Alguien, Alguien de quién recuerda solo palabras, ni la voz, ni los gestos, ni siquiera sus ojos. Ella sabe que Alguien, alguna vez la amó. También sabe que no es imposible olvidar, porque ella ha olvidado lo mejor y lo peor de su vida.
Alguien que en algún momento le dió tanto que soñar, tanto que vivir, y a la que ella le quitó todo.

Dicen que despues de la tormenta siempre llega la calma, pero ella estaba en el ojo del huracán. Antes de Alguien, ella habia sentido cosas
insignificantes
pero habia sentido
había querido sonreir, y descubrir los tonos caoba de su pelo a los rayos del sol, y rozar la piel de él con un poco de ternura, y digo un poco, porque ella era todo ternura, y para no quedarse sin nada, solo regalaba pequeños amasijos de besos enternecidos al sol y cuando estos se acababan, solo quedaba desengaño.

Pero con Alguien fue diferente, fue tanta ternura la que le pedían sus ojos, esos ojos grandes, del color de la miel, momentaneamente escondidos bajo un par de mechones que se quedo totalmente vacía, a la espera de recibir lo que había sembrado. Pero había sembrado demasiada lujuria en esos besos, y eso fue lo que recibió, en menos de dos semanas habia vivido mas que en toda su vida, y habia muerto.

sábado, 4 de octubre de 2008

Parte 3.

Se fuma el que espera sea su último cigarro, mientras habla con la estrella de su ventana sobre el sabor de sus labios.
Nadie sabe más sobre ella que esa jodida estrella, ni si quiera ella misma. Todo lo que ha pasado por esa cabeza tan negra como la tristeza, completamente todo, esta escrito con tinta de lágrimas en esa estrella.
Se quita la ropa. Se mete en la cama. Y sueña con una vida, sueña que camina sin rumbo, pero que es feliz. Pero sueña, ni siquiera imagina, subconscientemente sabe que existe la felicidad, aunque por puta desgracia también sabe que, hasta la fecha, la felicidad no está hecha para ella.
Prefiere la lluvia. El granizo mejor, que cae en la tierra dejando esos diminutos huequecitos, dejando marca, imprimiendo en el tiempo que ellos han estado allí, a la mierda con el granizo, a la mierda con el granizo que marca más que ella.
Se despierta y comprueba, que otra vez, no ha sido su ultimo cigarro. Pero sigue, siempre sigue.
Tiene tanto miedo de dejar que luchar que sigue. Si os digo la verdad, no la conozco, todo esto me lo han contado sus ojos en un pestañeo insólito.
Día a día observo sus movimientos, sus gestos, sus manos, sus ojos, su cuerpo entero que cuenta un cuento de historias inacabadas y pieles calurosamente rebozantes de mentiras.





Sin nada en el estómago,
camina, camina para no sentirse muerta
porque caminando piensa
piensa y tiene miedo
lucha contra el miedo y vive.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Parte 2.

No escribe nada, no dibuja nada, porque en ella nada tiene sentido. Solo deja correr pequeños riachuelos de tinta sobre la corteza de un árbol industrializado.
Solo dejaba correr sus dedos sobre su espalda, acercando timidamente a su vientre.

Solo dejaba correr sus dedos sobre su espalda, acercandose timidamente a su vientre.
Aún recuerda sus ojos color caramelo, posados sobre sus pechos. Su aparentemente tímida respiracion, y un par de palabras sin sentido. Te quiero, decía.
Pero como siempre, decía, porque una vez más, como casi todo en su vida, no era verdad.
Mentiras. Mentiras que ella misma cree.
Mentiras que creemos todos, si no sabemos que lo son.
Pero ella es diferente, ella las conoce, pero se las cree. Porque tiene que vivir de algo. Aunque sea una puta mentira. Es su vida. ¿Porque sino? ¿Qué?

Preguntas y más preguntas.
Nunca se ha respondido nada, nunca nadie le ha dado ni una sola respuesta. No sabe nada, de nadie, de su madre, que se fue a París.
- A vivirla vida que me ha quitado papá.
Julián. Hacia años que no sabía nada de él.
Nunca dijo nada. Una discusión en la comida, y desapareció. Probablemente estaría más muerto que ella.
Y desde los quience años, no tiene padre. Tiene un cajero automático.

Recordaba haber tenido un novio, pero mentía, como todos los otros.



miércoles, 24 de septiembre de 2008

Parte 1.

La lluvia se clava cual agujas en sus huesos, recordándole que desafortunadamente sigue viva, su pelo negro, como es más oscuro azabache, empapado, cae sobre sus mejillas, empapadas también,
de agua salada.

Sigue caminando, no sabe dónde va, como siempre, camina hasta que su cuerpo diga basta.
Pero no se aleja mucho, nunca lo hace, por miedo, miedo a lo desconocido y a lo que también ya ha sido vivido, miedo a todo lo que puede recordar.
Miedo de él.

Él, que aunque no es nadie, está en todas partes, en cada esquina, aparece un él, dispuesto ha hacerla un poquito más feliz, y a hacerla llorar más que nunca.
Sigue caminando.
Esta parando de llover.
Pero solo de su corazón hacia afuera.

Dentro diluvia, tormentas arrastran sonrisas dentro de su pecho, terremotos rompen su corazón en pedazos, cada vez, más y más pequeños.
Pero sigue viva, sigue caminando, sigue soñando, aunque no sabe ciertamente con qué.
Busca las llaves en los bolsillos, nunca lleva bolso, le hacen sentir mujer, mujer que no es, y que dificilmente llegará a ser nunca, pero solo por falta de voluntad, las sonrisas más sinceras cuan más joven es el dueño.
Entra a su casa, su casa por decir algo, porque verdaderamente no recuerda haber sentido nunca que nada fuera suyo. Todo estaba ahí, como ella.
Todo siempre está ahí, excepto cuando lo buscas.
Busca una cinta. No sabe cual, lo sabrá cuando la encuentre.

La pone, escucha una canción tras otra, aunque nada le dice nada. Todo esta jodidamente vacío a su alrededor. Se aparta el pelo empapado de la cara, y coje un papel. Y un boli.
No escribe nada, no dibuja nada, porque en ella nada tiene sentido. Solo deja correr pequeños riachuelos de tinta sobre la corteza de un árbol industrializado.
Solo dejaba correr sus dedos sobre su espalda, acercando timidamente a su vientre.



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Por fin me decido a escribir algo con principio y final.
A ver que tal va la cosa.